Especialidades
La orientación de mi terapia es humanista e integradora.
Desde la corriente humanista se confía en la capacidad de cada ser humano para la autorregulación y el desarrollo, pues hay una tendencia natural hacia la salud. El ser humano es complejo, y la única forma de acompañar a una persona en su crecimiento es contemplándolo de forma holística en su singularidad. El terapeuta no es un técnico que selecciona herramientas y las aplica, sino un ser humano que se relaciona con el otro y percibe la naturaleza de la relación que se crea entre ambos. Esto solo puede hacerse desde la autenticidad, como defendía el psicólogo Carl Rogers.
La propia relación terapéutica es sanadora, porque es en contacto con otro ser humano como puede cambiar nuestra forma de ver y vivir el mundo y las relaciones con los otros.
Las personas construimos nuestra propia identidad, personalidad y sentido de la valía personal en relación al ambiente en el que crecemos. A lo largo de toda nuestra vida, pero sobre todo durante la infancia, es cuando se forjan nuestras creencias básicas acerca de quiénes somos, y qué se espera de nosotros; así como qué podemos esperar nosotros de los demás, y de la vida. Esas creencias, que marcan nuestra forma de actuar, no tienen solo un componente cognitivo, sino también emocional y corporal. Son cosas que sentimos y creemos con todo nuestro ser.
Más adelante, cuando maduramos y nos convertimos en adultos todo eso nos acompaña para enfrentarnos a las situaciones de la vida. Nuestros “automatismos” pueden ser diversos, pero a menudo se refieren ideas negativas acerca de nosotros mismos y de nuestra forma de relacionarnos con los demás, y de actuar en el mundo. Son “automatismos” porque saltan como un resorte y nos empujan a actuar y sentirnos de cierta manera, sin que podamos evitarlo: por ejemplo, sentir miedo y evitar o huir de determinadas situaciones, sentir que no somos capaces y no intentarlo, sentirnos heridos fácilmente y reaccionar de forma agresiva, sentir vergüenza si cometemos un error, sentirnos solos y aislarnos aún más, etc.
Concibo la terapia como un lugar privilegiado para darse cuenta de todo esto que arrastramos, y encontrar herramientas para liberarnos de ello. Y si es así, es porque es un lugar protegido, de total confidencialidad. Donde puedes apoyarte en alguien que nunca te va a juzgar, sino que te va a acompañar cálida y respetuosamente en tu proceso. Para mí el terapeuta es alguien que va a aprovechar sus conocimientos y los va a poner a tu servicio con el fin de guiarte para que identifiques y logres tus propios objetivos y valores personales, para que superes tus miedos y afrontes de la mejor forma tus problemas vitales, y de relación con los demás. En definitiva, la terapia es un espacio para el crecimiento personal y el desarrollo de las propias fortalezas y talentos, que todos tenemos.
Una terapia ideal aprovechará diferentes enfoques teóricos de la psicología para ajustarse al tipo de problema, de persona y de situación vital en cada caso.
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